La música no obliga a callar: el manifiesto de Eve Espinoza

La difusora de la escena rock y metal nacional publicó un mensaje contra quienes le exigen separar la música de sus opiniones. Su respuesta defiende la independencia, la libertad de expresión y el derecho a cuestionar lo que ocurre dentro y fuera de Chile.

Por Pablo J. Gasc

Esta mañana me encontré con una publicación de Eve Espinoza en Instagram, y debo reconocer que caló hondo en mí. Letras blancas sobre fondo negro, cinco imágenes y un mensaje cargado de rabia, pasión y convicción. Por supuesto, le puse un me gusta de inmediato, pero eso no era suficiente. Le hablé a Eve y le pedí permiso para transcribir su mensaje, su manifiesto. Por suerte, me lo dio. Aquí está.

Eve es una de esas personas que mantienen viva la escena rock y metal nacional desde el trabajo cotidiano, compartiendo conciertos, festivales, beneficios y bandas que merecen atención. A través de su cuenta @eve_rock.s, ha construido un espacio independiente, sostenido por su tiempo y esfuerzo, que se ha ganado el respeto de buena parte de la comunidad underground. Pero, al parecer, para algunos ese trabajo viene con una condición: hablar de música y nada más.

Este es el texto que publicó hoy:

Me carga cuando la gente me dice: «No mezcles las cosas en tu plataforma, enfócate solamente en la música». ¿En serio, wn? ¿Entonces no puedo expresar mi descontento? ¿En una plataforma que construí yo misma, de manera orgánica, con mi tiempo, mi trabajo y mi esfuerzo? ¿Tengo que andar diciendo que estoy feliz, que todo está bien y que aquí no pasa nada mientras vivo en un país completamente desigual? ¿Tengo que hacer como si no estuviera la cagada en Chile y en el mundo? ¿Quedarme callada mientras veo cosas que me indignan?

¡Loco, estamos viviendo en un mundo manipulado en tantos sentidos! Mientras se habla de recortes por un lado, se cuestionan decisiones millonarias por otro. Tenemos políticos que se llenan la boca hablando de religión, moral y valores, pero que después muestran una sumisión vergonzosa frente a personajes como Trump, con todo lo que se ha denunciado y cuestionado en torno a él. ¿De qué valores estamos hablando? ¿De qué moral? ¿De qué principios?

Y más allá de la política, hablemos de humanidad. ¿Cómo podemos seguir normalizando los abusos, las mentiras, la corrupción y los privilegios de quienes creen que pueden hacer cualquier cosa sin enfrentar consecuencias? ¿Y después me piden que me quede callada? ¿Dónde está esa supuesta democracia cuando expresar una opinión incomoda a los demás? ¿Por qué tanta gente se molesta cuando alguien cuestiona, critica o simplemente piensa distinto? Parece que todos pueden mentir, robar, abusar o manipular, pero cuando alguien levanta la voz, el problema pasa a ser quien denuncia.

¡Váyanse a la chucha! Y quiero dejar algo muy claro: yo no necesito que estén de acuerdo conmigo. No pretendo tener la verdad absoluta ni espero que todo el mundo piense como yo. Respeto que existan opiniones diferentes, porque cada persona tiene derecho a pensar y expresarse. Pero ese respeto tiene que ser mutuo. Así como yo respeto que alguien piense distinto, también espero que respeten mi derecho a expresar lo que pienso, aunque les incomode, aunque no les guste o aunque no compartan ni una sola palabra de lo que digo.

Mi plataforma nació de manera independiente, sin que nadie me regalara nada. La he construido con trabajo, esfuerzo y amor por la música. Y sí, la música es parte fundamental de lo que hago, pero eso no significa que tenga que apagar mi cerebro, mi conciencia o mi opinión para mantener contentos a los demás. No soy una máquina de publicar bandas. Soy una persona, tengo opinión, tengo rabia y tengo derecho a expresarme. Si mi contenido no te gusta, puedes dejar de seguirme. No pasa nada. Pero no me pidas que me calle para que tú estés cómodo. Porque una cosa es respetar las diferencias y otra muy distinta es pretender que los demás guarden silencio para no incomodarte. No necesito que pienses como yo. Solo exijo el mismo respeto que estoy dispuesta a darle a quien piensa diferente. Y no, no me voy a quedar callada.

Lo que plantea Eve va más allá de una discusión sobre qué contenidos corresponden o no a una cuenta dedicada a la música. El punto es quién decide qué puede decir una persona en un espacio que construyó con su propio trabajo. Compartir bandas, difundir tocatas y apoyar a músicos independientes no obliga a nadie a renunciar a sus opiniones ni a fingir indiferencia frente a lo que sucede a su alrededor.

La cultura tampoco vive aislada de la sociedad. Las bandas, los sellos, los espacios de conciertos y quienes mantienen activa la escena forman parte de una realidad política, económica y social que inevitablemente los atraviesa. Pretender que quienes trabajan en ese mundo se limiten a publicar fechas y canciones es exigirles que sean visibles por su trabajo, pero invisibles como personas.

Eso no significa que debamos pensar igual que Eve, ni que sus opiniones estén por encima de las críticas. La libertad de expresión incluye el derecho a discrepar, cuestionar y responder. Lo que pierde sentido es exigir silencio como condición para respetar el trabajo de alguien.

Por eso me identifiqué con su publicación. No porque comparta necesariamente cada una de sus palabras, sino porque defiende algo básico: nadie debería tener que esconder su conciencia para conservar una audiencia. Mucho menos alguien que ha dedicado tiempo y esfuerzo a abrir espacios para una escena que tantas veces necesita precisamente eso: personas dispuestas a comprometerse, incluso cuando no hay dinero, reconocimiento ni garantías de que el trabajo dará frutos.

Eve eligió expresarse sin suavizar su mensaje para volverlo cómodo. Y tiene derecho a hacerlo. Podemos discutir sus ideas, estar en desacuerdo o dejar de seguir su cuenta, como ella misma sugiere. Lo que no podemos pretender es que el respeto consista en aceptar únicamente las opiniones que nos gustan.

Todo lo que plantea Eve es defendible, desde su derecho a expresar rabia y descontento hasta su crítica a los abusos, los privilegios y la doble moral. Apoyar la música no significa desconectarse de la realidad, ni convertir una plataforma independiente en un espacio donde solo se permite hablar de canciones y conciertos. Eve ha construido ese espacio con su trabajo y tiene todo el derecho a decidir qué comparte en él.

No tenemos que pensar igual para respetar el derecho del otro a decir lo que piensa. La música puede reunirnos, pero no exige silencio frente a lo que nos indigna. Si defendemos la independencia de una escena, también debemos defender la libertad de quienes la sostienen para expresarse sin tener que pedir permiso ni disculpas por incomodar.