“Veintiuna cosas para recordar”: un viaje de reflexión hecho con arte

Por Pablo J. Gasc

Anoche, con mi hijo, fuimos al teatro. ¿A quién no le gusta el teatro? La noche estaba ideal para caminar por la ciudad. Así que cruzamos el rio y nos adentramos en el barrio Bellavista. Hace tiempo que no andaba por ahí, lo encontré renovado, alegre. Las paredes de la calle Dardignac nos regalaron hermosos murales, y los bares y pubs, se peleaban a los comensales con sus ofertas.

La obra que vimos es “Veintiuna cosas para recordar”, escrita por Paul Anwandter. Un montaje de la Compañía Teatral Racconto, con la dirección de José Miguel Gallardo.

Nos sentamos en nuestros lugares, la sala estaba casi completamente llena, de no ser por un par de asiento solitarios en medio de una o dos filas. En el medio del escenario, cargado de negro, una butaca de bus con dos asientos, rodeadas en el piso por dos líneas de lucecitas blancas demarcando el pasillo. Todo sencillo y práctico, nada fuera de lugar ni excesivo. Los elementos justos y necesarios, para qué más.

En eso suben al bus María (Carolina De Ponti) y José (Adrián Tomasevski). Una pareja, que, a poco andar, nos damos cuentas que son matrimonio y que llevan ya varios años juntos. Van de viaje a Valdivia, a visitar a unos parientes, algo así como una mini vacación.

El diálogo se da de forma natural, cotidiana. José compró un libro barato para leer durante el viaje, y María lo recrimina de partida, y así, partimos en este viaje.  

A poco andar, la conversación se torna en una terapia de pareja. Ambos se van enrostrando recuerdos, algunos buenos, y otros no tanto. En los momentos de racconto, el escenario, cargado al negro, como ya había mencionado, se abre hacia los rincones, dando paso a los otros actores que participan en la obra (Raúl Echenique, Anita Álvarez, Kiara Tomasevski. Uma Tomasevski, José Miguel Gallardo, Valentina Riffo y Óscar Ariztía). Es así como llegamos a conocer a los padres de la pareja, y a otros personajes importantes en el relato, y nos abrimos a descubrir más detalles de la vida de los viajantes.  

Si bien la obra tiene algo de comedia, nos sacó risas en determinados momentos, no es una comedia, por el contrario, es intensa, no es liviana y mucho menos banal, el tema es profundo y, en algunos sentidos, cotidiano, pero golpea, y obliga al espectador a estar siempre atento. La hora y algo que dura la obra pasa rápidamente, casi sin darnos cuenta llegamos al cierre del relato, al final del viaje. En este punto, y sin entrar en mayores detalles, solo puedo agregar que el clímax nos sacó una o dos lágrimas.

Las actuaciones son buenísimas. Parejitas. Naturales. María y Juan logran conectarse con la audiencia. La simpleza, es siempre un arma de doble filo, sin embargo, la puesta en escena es pulcra, precisa, fluye de manera tremendamente natural.

La obra es emotiva, cotidiana, real. De lenguaje sencillo, pero en el fondo, tremendamente profunda y reflexiva. Tanto así, que, en el regreso a casa, mientras cruzábamos por el parque Bustamante, con mi hijo discutimos lo que acabábamos de presenciar, y miramos a nuestras propias vidas. Si, la obra nos llevó a cavilar sobre nuestras propias experiencias. La vida no es una cosa pareja, por el contrario, es una montaña rusa, donde los recuerdos de lo vivido, los buenas y malos momentos, las experiencias, nos marcan, y se quedan con nosotros siempre.

Una obra para ver más de una vez.

Entradas: $10.000
Estudiantes y jubilados: 50% off en las boleterías del teatro.

Funciones:  Todos los viernes y sábados de Junio a las 19:30 hrs
Temporada: Desde 31 de mayo hasta 29 de junio
Sala: Teatro Bellavista. Dardignac 0110 – Providencia

Reservas al teléfono: +569 4916 33 22
Venta de entradas a través de: WWW.TEATROBELLAVISTA.CL