The Police: “Synchronicity” cumple 40 años

Por Gonzalo Figueroa Cea

La grabación de “Synchronicity”, considerada la obra maestra de una de las más grandes e influyentes bandas de la New Wave, The Police, no fue particularmente una circunstancia de alta motivación para sus integrantes. Ellos mismos y el productor Hugh Padgham han reconocido el clima algo beligerante y tenso vivido en el proceso de elaboración del álbum, el quinto de la carrera de la agrupación británica, lanzado el 17 de junio de 1983.

Profesionales ante todo y dueños de una carrera ascendente, el power trío inglés cumplió con creces el objetivo de concretarlo -y con resultados más que satisfactorios- sin embargo, en el proceso creativo mismo, espiritualmente Stewart Copeland (batería), Andy Summers (guitarra) y Sting (bajo y voz principal) asumieron que no podían alargar la existencia del grupo a la fuerza y que la gira posterior al lanzamiento sería la última.

Evidentemente los proyectos personales de cada uno pesaban en el sentimiento general, sobre todo el deseo del bajista de materializar una carrera solista con un perfil más jazz rock y más alejado del reggae blanco, que patentó junto a sus compañeros de ruta musical por entonces.  No está de más destacar las notables jam session que caracterizaron sus recitales en el período activo de mayor duración de la banda: entre 1977 y 1984, lo que fue factible apreciar también en la gira mundial de reunión 2007-2008.

Contra viento y marea

Los momentos de roce observados en la interna durante la grabación de “Synchronicity” no amilanaron el deseo de Padgham de sacar adelante el emblemático larga duración. De hecho, con un esmero notablemente estratégico, quien también trabajara para producciones de Phil Collins y Peter Gabriel logró que cada uno de los miembros de The Police materializara sus aportes por separado parte importante del tiempo dedicado a “Synchronicity” y, el restante, a pulir los cortes antes de inmortalizarlos. El fin era darles mayor soltura a los esfuerzos para derivar en un producto que, más allá de toda dificultad, dejó para la historia verdaderas joyas de sonido: los hits “Every breath you take”, “King of pain”, “Wrapped around your finger”, “Synchronicity II” y otros temas más rupturistas como el que le da el nombre al registro, “Walking in your footsteps”, “Mother” (vuelo creativo de Andy Summers), “Tea in the Sahara” y “Murder by numbers”.

Stewart recuerda que “Murder by numbers” tuvo su origen en el comedor del estudio mediante una improvisación jazzera de Andy con su guitarra eléctrica, lo que sedujo instantáneamente a Sting, quien no tardó en detectar en sus apuntes la letra perfecta, lo que motivó sin mediar esfuerzo ajeno al mismo baterista para crear su propia base en otro lugar del recinto. Poco rato después y de una sola vez, con el apoyo de Padgham, la canción ya estaba registrada para el larga duración. Lo de “Every breath you take” fue más difícil, debido a fuertes discrepancias entre Copeland y Sting. Superada la situación, difícilmente ellos pudiesen haber supuesto en ese momento que dicha canción sería el gran éxito de “Synchronicity”.

La variedad es el secreto

Son 11 canciones en total (sólo el último tema mencionado no fue parte del long play original, aunque sí del caset y del cidí) las que dan vida a la obra más variada de la discografía del trío, que no solamente hace gala de una gran obsesión por distintos sonidos, sino que guiños al rock progresivo a través de algunos pasajes próximos a Rush e incluso con matices crimsomnianos y particularmente frippianos; al propio reggae que los caracterizó, al jazz y a la percusión afro, entre otros elementos distinguibles.

Por si fuera poco, Sting puso especial énfasis nuevamente en el plano intelectual. Dadas sus inquietudes propias como profesor de literatura, el álbum da cabida a la teoría de Carl Gustav Jung acerca de la sincronicidad en el sentido de las coincidencias que tienen lugar al mismo tiempo y que no tienen explicación lógica. El mismo líder de la banda detalla que esas coincidencias son más bien emocionales y simbólicas. El repertorio en lo temático es incluso tan rico como el expuesto en otros álbumes del grupo.

Como añadido no menor, para los premios Grammy de 1984 The Police solamente fue opacado por Michael Jackson. El power trío obtuvo estatuillas en las categorías de canción pop por “Every breath you take” e interpretación como dúo o grupo vocal por ese mismo tema y “Synchronicity II”.

“Every breath you take” llegó a la cima de las listas de canciones más difundidas en 15 países. Sin duda fue el impulso para que “Synchronicity” liderara las ventas durante siete semanas en Estados Unidos a contar del 1 de agosto de 1983. Un fenómeno similar ocurrió en Gran Bretaña.

Las ventas, la difusión y la gira que sucedió al lanzamiento del álbum repercutieron en la consagración de The Police como la banda de rock número uno a nivel mundial durante esos meses. La simbolización mayor de esa especie de “gigantismo” fueron las presentaciones del trío en escenarios de la envergadura del Shea Stadium, de Nueva York -por ejemplo- ante 70 mil personas (lo hicieron también los Beatles un par de décadas antes).

La fama del álbum, aclamado por la crítica, le valió al grupo que los lectores de la Rolling Stone calificaran en 1983 a “Sinchronicity”, vía encuesta, como el álbum del año. 26 años después el larga duración entró al Salón de la Fama del Grammy.

Cuesta creer que en un ambiente de alta tensión logró ser realidad uno de los más grandes y exitosos álbumes de todos los tiempos.

Gonzalo Figueroa Cea – Periodista con 24 años de trayectoria en el Ministerio de Obras Públicas, donde ha ejercido en las áreas de prensa y comunicaciones internas. Ha colaborado para medios escritos y radiales, con especial énfasis en cultura, espectáculos y fútbol. Es responsable de los sitios Rocas Alucinantes y El rompecabezas del doctor Kimble, donde ha sacado a relucir su veta literaria. En 2022 fue reconocido por su trayectoria en el marco de 115⁰ aniversario del Círculo de Periodistas de Santiago.