“Oppenheimer”, o la crónica de un Oscar anunciado

Por Chisu Zepeda 
Ilustración LOG 
 
Christopher Nolan finalmente lo logró. Ganó. En 2002 había sido nominado por Memento, y no pasó ná. En 2011 dos nominaciones por Inception, y nada. En 2018, dos nominaciones más por Dunkirk, y tampoco. Y en su caso, la cuarta fue la vencida. Mejor Película y Mejor Director. Una noche redondita. 
 
En sus entrevistas, Nolan constantemente destaca el poder del punto de vista en el cine, para sumergir al público lo más posible en las experiencias de los personajes. En “Oppenheimer”, claramente, esta técnica se utilizó para centrar al espectador en la historia del científico y el desarrollo de las bombas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial. 
El guion de la película se basó en el libro “American Prometheus”, de los autores Kai Bird y Martin J. Sherwin, y sigue la vida de J. Robert Oppenheimer, desde sus días de estudiante, hasta su papel en el Proyecto Manhattan. Nolan, por supuesto, se tomó algunas libertades creativas a la hora de narrar la historia, pero se esforzó por mantener la mayor autenticidad en la medida de lo posible. De esta manera, Nolan entregó su visión de la historia con una combinación de intimidad y magnitud, explorando los dilemas personales del protagonista y el contexto histórico más amplio de la Guerra Fría y la carrera armamentística nuclear.  
 
Filmada con cámaras IMAX de 70 mm, “Oppenheimer” ofrece una experiencia visual de clase mundial, incluso sin ese 3D que pareciera obsesionar al director. La cinta, producida por Nolan junto a Charles Roven y Emma Thomas, aborda temas profundos, como la responsabilidad científica, la moralidad y las consecuencias de la tecnología. La película destaca la peligrosa proliferación de armas nucleares y la tremenda amenaza que representan para la humanidad.  

Pero Nolan no fue tonto, y construyó una película para dejar al mundo con la boca abierta, pero, a su mundo principalmente, a sus pares. Armó todo a la perfección, como siguiendo la receta de un delicioso queque. Primero, le metió un chingo de actuaciones estelares: Cillian Murphy (Thomas Shelby en Peaky Blinders) se pasó, por algo se llevó a la casa su propio premio, Mejor Actor, ya que lideró magistralmente a un elenco talentoso que incluyó a titanes como Emily Blunt, Matt Damon y el otro ganador de la noche, Robert Downey Jr. 

Luego tomó una trama reflexiva, como ya dijo, a la que le agregó drama, entregando una representación amplia de eventos de la Segunda Guerra Mundial, sumergiendo a los espectadores en un período crucial de la historia con un gran estudio de personajes. 
 

Para que el queque fuera delicioso, a todo lo anterior le agregó algo especial, ese sello distintivo de Nolan; la tensión, la estructura intrincada, el diseño de sonido notable y la cinematografía visualmente impresionante. 

Puede que haya quienes salieran cansados del cine, si, la película es larga, pero nadie puede decir que no haya disfrutado la experiencia. “Oppenheimer” es una película tremendamente conmovedora, con una narración poderosa y momentos emocionales impactantes. La crítica la amo. Yo la ame. Este queque estaba para premios y reconocimientos. Para titulares y portadas. Finalmente, y posiblemente lo que más le importaba al director, la Academia también la amó. Nolan, conocido por su enfoque en proyectos a gran escala, encontró en “Oppenheimer” una oportunidad para abordar temas importantes y desafiantes a través del cine. La película es un testimonio de su compromiso con el arte cinematográfico, y su capacidad para generar reflexión y debate en la audiencia. Enhorabuena Nolan, enhorabuena.