José Maza: En Astronomía, uno no trabaja, uno disfruta

Por Hilda Venegas Araya

José Maza Sancho, nació en Valparaíso, pero no vivió en la ciudad puerto, sino que, en Villa Alemana hasta los 2 años, para luego trasladarse con su familia a Talca. A los 4 años se fueron a Parral, donde transcurrió su infancia y adolescencia, cuando lo enviaron a estudiar a Santiago al Internado Nacional Barros Arana, “porque el único Liceo que había en Parral, no era muy bueno en Matemáticas, Física, Química, las materias que uno tenía que estudiar si quería ser Ingeniero […] Así que me vine a Santiago, al Barros Arana, que era un gran colegio, lo que va de ayer a hoy […]”

Fue cuando entró a estudiar a la Universidad de Chile, e intentarlo con Ingeniería Química y luego Eléctrica, que en una visita práctica a conocer el Cerro Tololo, se enamoró de la Astronomía. Dice que se declara como hijo de Gagarin, “Yo tenía 13 años cuando Yuri Gagarin dio la vuelta al planeta y esa cuestión a mí me impactó.”

En el Barros Arana, junto a alumnos que eran malos para el fútbol, se quedaban a conversar en la biblioteca mientras los otros jugaban pichanga, “algunos nos íbamos a la biblioteca porque no servíamos para pegarle a la pelota y nos pusimos a conversar y hablar de esto, de viajes espaciales, de los astronautas, de que si se pueden visitar los planetas, de Goddard, del señor Koshkin, etc. Comprábamos libros, leíamos libros de astronomía y de vuelos espaciales”. Dice que siempre, finalmente, el tema de la astronomía, al igual que el tema de las pirámides de Egipto, los tuvo en su radar.

Pero para ganarse la vida en esos años, su interés, pensando en el futuro, era la Ingeniería con la intención de trabajar “para la Endesa” (Empresa Nacional de Electricidad S.A.).

¿Qué es lo que más le gusta de la Astronomía?

La tremenda libertad. “Yo he sido, durante 55 años, profesor de la Universidad de Chile. La tremenda libertad que te da ponerte a estudiar un tema y pedir tiempo en un telescopio y que te den el tiempo y partes para allá, y estás una semana trabajando en un telescopio, tomando datos y después llegas a analizar los datos, haces clases. Es decir, uno no tiene jefe y uno hace lo que la cabeza le va indicando. Entonces esa libertad de vivir la vida.

Cuando yo era joven, un profesor de astronomía, a otros alumnos que querían abandonar la astronomía para irse a trabajar en computación. Que estaba empezando a estar de moda. Era como la inteligencia artificial hoy día.  El astrónomo les decía:

«Quédense en Astronomía. En astronomía uno no trabaja. Uno disfruta. En cambio, en computación ustedes van a tener que trabajar, sí, va a haber más trabajo, a lo mejor van a ganar más plata, pero ahí ustedes trabajan. En Astronomía, uno no trabaja, uno disfruta.»

Y yo creo que es cierto. En astronomía uno no trabaja, uno disfruta porque se va a un observatorio y de repente está 14 horas trabajando. Y si es feriado, si es domingo, si es sábado, lo que sea. Uno está allá pelando el ajo. Yo de repente estaba dos semanas  en  un observatorio.           

Llegaba un momento en que perdía la cuenta de en qué día de la semana estábamos. Así que eso, la libertad de estudiar, pero de estudiar no lo que te dice alguien, sino lo que tú crees que vale la pena seguir estudiando.”

¿Y cuál es la estrella que más le gusta?, ¿Hay algún cuerpo celeste que le fascine?

Por decirte lo obvio, si uno mira el cielo, el sol. El sol es como de otro nivel, así que yo dejaría afuera al sol. El sol es todo. Pero ya una vez que uno deja afuera al Sol, la Luna y Venus son los dos objetos más lindos del cielo. Venus ahora está como el lucero de la tarde, justo cuando se pone el sol, uno mira pa’ allá y uno ve una estrella, ¡Un farolazo! Cuando no se ve nada, porque todavía está muy brillante el cielo, ya aparece Venus tremendo. Aunque la luna también me gusta. Dejémoslo en Venus.

 

Libros para todos los gustos

En los últimos siete años, ha escrito seis libros, publicados por la Editorial Planeta.

Partieron con Somos polvo de estrellas, que era una charla que realizó por 40 años, hasta que le propusieron publicarla, con lenguaje más amigable. “Entonces yo les pasé el manuscrito y el editor me lo hizo pebre. «Porque esto no se entiende, esto no se entiende, esto no es de cultura general», que esa frase no se me va a olvidar nunca”.

A la semana de publicar Somos polvo de estrellas, se hizo una segunda edición y le fue muy bien, ya van en la 29° edición. Se han vendido 90 mil copias de ese libro, luego vino Marte, la próxima frontera y después uno sobre Eclipses, “… después hice uno que se llama Bajo el manto de Urania. Y después hice uno que se llama Dibujando al Cosmos, que salieron más o menos uno al año y que todos han tenido muy buena acogida. Y ahora, acabo de lanzar el 1 de junio, el libro Luna, que es la historia de la Luna. ¿Cómo fue que el hombre fue a la Luna? ¿Cómo es que vamos a volver a ir a la Luna en el proyecto Artemisa? ¿Qué es la Luna? ¿De qué tamaño es? ¿Cómo se formó? Qué características tiene, cuántos años tiene, bla, bla, bla. Pero entremedio, para hacerlo más dulce, para al que no le guste tanto la astronomía, cuento anécdotas, historias, mitos, leyendas, cuento de todo. Desde la luna de miel, hasta las medias lunas que uno come con un café al desayuno, todo lo que tenía la palabra Luna entre medio lo fui recopilando. Entonces el libro es una mezcla bien ecléctica con algo de astronomía seria.”

Para el profesor, que en 1999 recibió el Premio Nacional de Ciencias Exactas, el propósito de escribir, de enseñar y también entretener, es más bien motivar a que el lector quiera leer más. Que aprenda a leer y que lea más y que si le interesan más los cuentos que se vaya por los cuentos, compre libros de cuentos de la Luna, si quiere más Astronomía que compre uno más específico, un estudiante o un astrónomo aficionado, va a encontrar algunas cosas interesantes en el libro, en lo que es Astronomía “y a lo mejor un astrónomo aficionado no le van a interesar de donde salieron las medias lunas. Pero una persona común y corriente va a decir «¡Bah!, ¡Mira que chora la historia de las medias lunas!»”.

Luego del éxito, se publicaron dos libros en versión infantil de Somos polvo de estrellas y Marte, la próxima frontera, cuenta que en una feria del Libro “tal vez la Feria de Frankfurt, en esa que el ministro dice que no vale la pena ir”, a una editorial china le gustaron los dos libros de astronomía para niños y los están traduciendo al chino mandarín. “Para mí va a ser realmente un espectáculo ver cómo se ven estos libros escritos en chino mandarín. Yo lo único que quiero, es que me regalen uno, dos o tres copias de cada uno y darle a mis hijos como una chochera mía. ¡Ver mis libros para niños! Porque los chinos consideran que enseñarles ciencia a los niños de una manera amable es muy importante. Y les gustó la manera como está explicado, en estos libros míos, así que estoy muy contento. Es como cuando Julio César Rodríguez dijo, «ya lo he hecho todo», yo siento que con esto ya la hice”.