El Punk de Boston también tiene su historia

Por Pablo “Jota” Gasc

En 1977, año de la serpiente, nos dejó Elvis, aparecieron las computadoras personales, Menachem Begin se convirtió en primer ministro, en Argentina las Madres de Mayo marchaban por primera vez, en el Reino Unido Pink Floyd lanzaba Animals, en Nueva York se produjo el gran apagón, y yo, un poroto flaco y enfermizo, llegué a vivir a West Babylon, Long Island, un suburbio de la gran Manzana.

De una entré al colegio, al West Babylon Junior High, por alguna razón, casi todos mis compañeros se llamaban Tony o Joe, Babylon era un barrio bien italianoide, ahora que lo pienso, era algo así como Goodfellas en pañales. Por supuesto que me costó harto aclimatarme, y de a poco, le agarré bronca a los Sopranos que me tenían a la patá y al combo, así que lo mejor venía cuando mi hermano, que vivía en Portland, me llevaba al norte para vacaciones o descansos. Íbamos a pescar, comíamos rico, me llevaba al viejo Garden a ver a los Celtics de Larry Bird o a Fenway Park, a ver a los RedSox de Butch Hobson. La verdad es que amé Boston, su onda, y por, sobre todo, su música.  

Dicho esto, iré de lleno a lo mío. Hablaré de un género musical que siempre me ha gustado. Si bien, me declaro un roquero empedernido, siento que todo nace en el punk, y en este sentido, Boston ha pasado casi inadvertido por la historia contada en las radios locales.

El punk es un género caracterizado por su energía cruda, su actitud rebelde y su sonido distintivo, en sus inicios de pocos elementos, los que a menudo incluyen guitarras rápidas y distorsionadas, baterías enérgicas, pocos acordes y letras provocativas. Generalmente uno lo asocia a Nueva York o Londres, y en sus inicios puede haber sido así, pero el punk tiene distintas vertientes, cada una con sus estilos característicos, no solo en los sonidos, sino incluso en el vestuario y el lenguaje. Surgido a mediados de la década de 1970, la escena punk se regó por el planeta, y encontró un terreno fértil en la ciudad de Boston, Massachusetts, a solo cuatro horas en bus de Manhattan, una ciudad con una rica tradición musical y una comunidad vibrante de artistas y músicos.

Orígenes del Punk en Boston

A finales de los años 60 y principios de los 70, Boston ya era un hervidero de actividad cultural y musical. La ciudad contaba con una gran cantidad de universidades, lo que atraía a jóvenes de todo el país con ideas frescas y una predisposición a la experimentación. La escena musical de Boston estaba dominada por el rock clásico y el folk, pero también había espacio para el nacimiento de nuevas corrientes.

En este entorno, el punk surgió como una reacción a la complacencia del rock de estadio y la música disco que dominaban las listas de éxitos en ese momento, el Hit Parade. Inspirado por bandas como The Stooges, los míticos MC5 o los New York Dolls, un grupo de jóvenes músicos de Boston empezó a buscar formas más directas y menos sofisticadas de expresión. Querían romper con las convenciones y crear algo auténtico, visceral, accesible, y con un dejo de sabor a clam chowder.

Las Primeras Bandas

Entre las primeras bandas que definieron el sonido punk de Boston se encuentran The Real Kids, DMZ y The Nervous Eaters. The Real Kids, liderados por John Felice, un ex miembro de The Modern Lovers, fueron una de las bandas pioneras que capturaron la esencia del punk rock con sus actuaciones enérgicas y sus canciones sencillas, pero pegajosas.

DMZ, otra banda influyente, fue conocida por su fusión de garage rock y punk. Formada en 1976 por Jeff “Mono Mann” Conolly, la banda se destacó por sus potentes actuaciones en vivo y su sonido crudo y sin pulir. El líder “Mono Mann”, era tremendamente carismático, su presencia escénica y actitud desafiante encarnaban perfectamente el espíritu del punk.

Los Nervous Eaters, por su parte, mezclaban el punk con el power pop y el rock and roll. Su canción “Loretta” se convirtió en un himno de la escena punk Bostoniana, y la banda ganó fama y leales seguidores.

La Escena Punk en Boston

La escena punk de Boston no habría sido posible sin una serie de lugares clave que sirvieron como epicentros para la música en vivo y la cultura punk. Uno de los más importantes fue el Rat (también conocido como The Rathskeller), un club subterráneo ubicado en el barrio de Kenmore Square. El Rat se convirtió en el hogar no oficial del punk rock en la ciudad, ofreciendo un espacio donde las bandas podían tocar y los fanáticos podían reunirse.

El Club de la Universidad de Harvard, conocido como The Inn-Square Men’s Bar, también desempeñó un papel crucial en la escena. Este lugar atrajo a una mezcla de estudiantes y músicos locales, creando un ambiente propicio para la creatividad y la colaboración.

Fanzines y Medios Independientes

Igual como sucediera en Chile y el mundo con el Thrash Metal en los ochenta, los fanzines de los fans jugaron un papel fundamental en la promoción de la escena punk de la ciudad. Publicaciones como “Boston Rock” y “The Noise” documentaron la escena local, ofreciendo críticas de álbumes, entrevistas con bandas y listas de conciertos. Estos fanzines eran producidos por aficionados apasionados y ayudaron a construir una comunidad alrededor de la música punk.

Además, las estaciones de radio universitarias, como la WMBR del MIT y la WHRB de Harvard, fueron plataformas cruciales para la difusión de la música punk. DJs como Oedipus, quien más tarde se convertiría en una figura influyente en la radio comercial, comenzaron sus carreras apoyando la música punk en la radio universitaria.

Evolución y Diversificación

A medida que la escena punk de Boston maduraba, también comenzaba a diversificarse. A finales de los años 70 y principios de los 80, surgió una nueva ola de bandas que llevaron el punk a territorios aún más agresivos y extremos. Este fue el nacimiento del hardcore punk, un subgénero caracterizado por su velocidad vertiginosa, letras políticamente cargadas y actitud confrontativa.

Bandas como SS Decontrol (SSD), Jerry’s Kids y Gang Green fueron pioneras del hardcore. SSD, liderada por el carismático Al Barile, fue una de las bandas más influyentes de este estilo, convirtiéndose en una fuerza en muchas ocasiones bien descontrolada.

La Influencia de la Universidad y la Cultura DIY

La proximidad de tantas universidades en Boston no solo proporcionó una audiencia joven y entusiasta, sino que también fomentó una cultura DIY (Do It Yourself, Hazlo Tú Mismo) que se convirtió en un pilar del punk. Los músicos aprendieron a grabar sus propios discos, organizar sus propios conciertos y a crear sus propios materiales promocionales. Esta ética DIY permitió que la escena punk de Boston floreciera de manera independiente, sin depender de las grandes discográficas.

Impacto y Legado

Con el paso del tiempo, muchos de los lugares que una vez fueron el corazón de la escena punk de de la ciudad cerraron sus puertas. Al igual que el CBGB´s de Nueva York, The Rat cerró en 1997, marcando el fin de una era. Sin embargo, el espíritu del movimiento punk continuó vivo, trasladándose a nuevos lugares y adoptando nuevas formas, y este legado se puede ver en la influencia que ha tenido en la cultura popular y en la música moderna. Bandas como The Mighty Mighty Bosstones, una de mis preferidas, fusionaron punk con ska, o los Dropkick Murphys, conocidos por su mezcla de punk y música celta, no olvidemos que el legado irlandés en la ciudad es cosa seria, que muchos conocieron en la película de Martin Scorsese The Departed, pueden ser escuchados en Fenway Park en todos los partidos de béisbol de los RedSox con su himno “Tessie”, estas bandas lograron un éxito significativo, y llevaron el espíritu del punk de Boston a una audiencia mayor y mucho más amplia.

La importancia histórica del punk de la ciudad de Boston ha sido reconocida y celebrada en numerosas ocasiones. Documentales, libros y exposiciones han explorado la rica historia de la escena, destacando su impacto y su legado duradero. Eventos y festivales conmemorativos, como los conciertos de reunión y los homenajes a The Rat, han mantenido viva la memoria de aquellos años formativos.

La música punk en Boston, Massachusetts, es más que un simple capítulo en la historia del punk rock; es un testimonio del poder de la creatividad y la resistencia juvenil. Desde sus humildes comienzos en clubes subterráneos y bares universitarios, hasta su influencia perdurable en la cultura musical global, el punk de Boston ha dejado una marca indeleble en la historia de la música. Hoy, décadas después de sus inicios, el espíritu del punk sigue vivo en Boston, resonando en los corazones de aquellos que creen en el poder de la música para transformar y trascender.